domingo, 8 de mayo de 2011

Arquitecto mexicano con ideas Plásticas

Ubicación: Querétaro, MéxicoArquitecto: Rojkind Arquitectos Arquitecto a cargo: Michel RojkindJefes de proyecto: Agustín Pereyra, Paulina GoycooleaEquipo de proyecto: Moritz Melchert, Tere Levy, Isaac Smeke, Tomas Kristof, Francisco Gordillo, Andrés Altesor, Juan Pablo EspinosaPrograma: Laboratorios, Oficinas, Auditorio, Sala de degustaciónCliente: NESTLÉSupervisor Nestlé: Flavio Guerrero, Cristian MorenoConstructor: SLCI Engineer Jose SolisIngeniería de fachada: VYCISA [Juan Pablo Casillas, Cybelle Hernandez]Ingeniería estructural: Juan Felipe HerediaM.E.P.: Quantum DesignMobiliario: Esrawe Diseño / Arne QuinzeAlfombras: InterfaceSuperficie construida: 700m2Año diseño: 2007Año construcción: 2009Modelo 3D: Juan Carlos VidalsPaisajismo: Rojkind ArquitectosFotografía:  © Paúl Rivera
En su “Atlántida de hormigón”, Reyner Banham postula “una conexión causal, cultural y consciente” entre el modernismo arquitectónico y las estructuras utilitarias de cierto periodo industrial. De Loos y Berhens a Gropius y Le Corbusier, entre muchos otros, en los primeros años del siglo XX se planteó un constante viaje de ida y vuelta entre la arquitectura y la edificación industrial –hasta entonces marginada en tanto arquitectura– que seguirá siendo una característica incluso de la arquitectura contemporánea. Reimaginar la industria fue una tarea con la cual la arquitectura devolvió el favor de habérsele mostrado el camino para desembarazarse de la pesada carga formal y estilística de casi un par de siglos de academismo retórico y eclecticismo vacuo. Reimaginar se entiende aquí como la invención de una imagen que se mueve entre la lógica operativa y el logotipo mediático.
En esa veta puede inscribirse el trabajo que Rojkind arquitectos ha realizado para un par de anexos en fábricas de Nesté. Primero el vestíbulo a su fábrica de chocolate en las afueras de Toluca, cerca de la ciudad de México: una estructura de planos inclinados adosada a la fabrica existente y que serviría como germen de un futuro museo. El segundo encargo, en la zona industrial de la ciudad de Querétaro, un edificio para el Laboratorio de desarrollo de nuevos productos, Centro de competencia de Embalaje y ser satélite de su PTC (product Tencology Center) de Marysville en USA para el desarrollo de productos en bebidas.
Este nuevo encargo planteó sin embargo un reto extra, además de la relación con las estructuras fabriles. La declaración del centro histórico de dicha ciudad como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en 1996 tuvo efectos imprevistos incluso en la periferia industrial: el nuevo edificio debía tener un pórtico con arcos –tradición obliga. Rojkind afrontó el problema a partir de una reinterpretación tanto del arco como del pórtico. Si el arco es un fragmento de cúpula detenido o bien –lo que a final de cuentas resulta similar– la cúpula un arco amplificado al girar sobre su propio eje, da igual: la cúpula cumple con la referencia al arco sin caer en cliché. En este caso, una serie de esferas intersectadas y multiplicadas cual espuma son la matriz de un espacio abierto y continuo –el pórtico– que se extiende mientras otro, formado por unas cajas ortogonales recubiertas con vidrio espejo satinado, contienen la proliferación de esferas –que a su vez lo socavan– y alojan el programa específico del laboratorio.
Mientras los exteriores son opacos, en apariencia metálicos e impenetrables, los interiores de estas cajas, pintados en distintos colores, tienen una calidad casi teatral: los investigadores enfundados en sus batas blancas flotan en una continuo azul, amarillo o verde que se recorta contra el del espacio contiguo, de color diferente y, a veces, cuando alguno de los paneles que recubren a las cajas se revela y abre como ventana, pueden adivinarse desde el exterior.
La construcción de este edificio –que en otras latitudes se hubiera resuelto, probablemente, mediante el uso de sofisticadas tecnologías para la producción automatizada de piezas únicas en correspondencia a la compleja geometría de las esferas– implicó traducir esas lógicas formales y espaciales a otra constructiva, simple y casi coloquial, que permitió a los trabajadores locales fabricar el espacio espumoso a partir de la intersección física de cúpulas semiesféricas armadas con arcos y anillos de varilla de acero.
El resultado final es una serie de contrastes unificados con aparente sencillez: el color metálico satinado del exterior, ligeramente reflectante, con y contra los colores brillantes y mates de los interiores; los planos abstractos de las cajas con y contra la exuberancia de las esferas entrelazadas. Puede que la fuerza de este proyecto se deba, quizá, a ese juego de opuestos que pueden, de manera dinámica y variando según la posición del observador, ser en un momento características dominantes y al siguiente discretas. La construcción industrial recupera así, repensado y recargado, algo de lo que le dio a entender en un tiempo a la arquitectura: claridad y contundencia.


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